Existe una clara tendencia a que nuestras vidas estén cada vez más digitalizadas; y no iba a ser menos el ámbito de los juguetes. El sistema de comunicarnos ha cambiado y también la forma en que los niños juegan. Este hecho ha generado la proliferación de lo que se conoce ya como “Connected Toys” o “Juguetes conectados”.

Desde osos de peluche hasta la misma Barbie, los expertos en seguridad advierten de los fallos de seguridad de algunos juguetes que exponen datos personales de miles de menores. En este sentido, debe tenerse presente que los elementos conectados a Internet en nuestro entorno son cada vez más numerosos. Con la irrupción de las nuevas tecnologías en este sector, cada vez son más los juguetes que ofrecen una conexión a Internet para poder desarrollar otra forma de jugar, y, en definitiva, representan otra nueva generación de juguetes. Sin embargo, cabe destacar que, al igual que cualquier otro dispositivo conectado a la red, estos artilugios también corren el peligro de poder ser hackeados o manipulados.

Ello no es sino otra manifestación de que la industria se adapta a los tiempos y está introduciendo novedades directamente relacionadas con el mundo digital. Pueden apuntarse al menos dos líneas de evolución bastante claras: la imitación de los modelos de inteligencia artificial, y al mismo tiempo, la proliferación del juego y la socialización en red.

Pero ello no debe servir de óbice o justificación para que el diseño con colores llamativos o la preinstalación de juegos pensados para la franja de edad correspondiente sirva para olvidar que se trata de dispositivos conectables, y sobre los que hay que adoptar las medidas de seguridad que correspondan

Ricard Martínez apunta que para cualquier observador mínimamente informado, es absolutamente obvio que “Internet de las Cosas”, y en particular los “wearables” (los llamados “tecno accesorios”), invadirán la próxima generación de juguetes. Este fenómeno resulta inevitable, e incluso se asume por la sociedad como algo natural. La cuestión es si, por el contrario, debemos evaluar sus riesgos. Para una aproximación al fenómeno, hay que partir de una premisa: ni cabe prohibir internet ni los fenómenos que la acompañan. Por ello, resulta fundamental poner las cosas en su sitio y operar desde criterios razonables. En primer lugar y a fuerza de decir una obviedad, hay que señalar que cuando una empresa fabrica y vende un juguete digital lo hace con el fin legítimo y nada desdeñable de ganar dinero. Pero, en última instancia, lo que no debe olvidarse es que cuando una empresa vende un juguete que se conecta a internet, lo que lleva a cabo es  facilitar un entorno de interacción en red vinculado a un juego o producto, y lo que en definitiva proporciona es sobre todo una experiencia de usuario cuyo fin último no es otro que fidelizar clientes y vender

En este sentido, y a título de ejemplo, debe traerse a colación de nuevo el fenómeno generado por la indicada muñeca Barbie, la cual tiene la posibilidad de estar conectada de manera permanente  a la red vía Wifi, lo que le permite acceder a esa importante base de datos que es Internet, y además presenta como característica fundamental: el hecho de que la misma puede mantener una conversación, y además contestar a cualquier pregunta que se le formule, con una cierta lógica.

Su tecnología permite no sólo que diga las cuatro frases habituales que venían programadas en este tipo de juguetes, sino que esté preparada para responder realmente a lo que los niños pueden tener intención de preguntar, siendo posible, consecuentemente, que mantenga conversaciones reales.

En Puro Marketing se afirma que todo ello apunta al hecho de que los juguetes están volviendo cada vez más inteligentes, y al mismo tiempo, se están incorporando cada vez más y más elementos propios de la revolución generada por “Internet de las Cosas”, lo que implica no sólo que todos los dispositivos estén conectados a la red, sino también que actúen con nosotros. Ello supone, en definitiva, que sean los propios consumidores quienes se vayan acostumbrado al toque de inteligencia que parece impregnar todos los objetos, y que esperan que los mismos respondan a esas necesidades y situaciones.

Por ello, ante la creciente demanda de estos nuevos “Juguetes Conectados”, surgen ciertas dudas sobre sus riesgos, y otros factores, entre los que se puede destacar las dudas que plantean sobre la calidad educativa de cada uno de ellos, y todo ello, lleva a reflexionar sobre  este nuevo fenómeno cultural y social que se encuentra representado por los indicados “Smart Toys” o “Connected Toys” para valorar sus  virtudes, pero también los evidentes problemas que en la actualidad presentan.

Debe partirse de que la nueva técnica conocida como “Internet de las Cosas” alcanza a nuestros objetos cotidianos, y los juguetes no son una excepción a ello. En el futuro, se podrán utilizar incluso para lograr la identificación, vigilancia, monitorización, localización y seguimiento para reclutar, u obtener acceso a redes o credenciales de usuario, según recoge The Guardian recogiendo la opinión de una agencia estatal de inteligencia. Todo ello esta avocado al llamado “Internet de las Cosas”, el cual consiste básicamente en el fenómeno caracterizado porque millones de dispositivos tengan la posibilidad y se conecten de manera efectiva a Internet, y al mimos tiempo, se comuniquen libremente entre ellos. Este fenómeno además tiene la virtualidad de prometer grandes beneficios a los usuarios.

Pero como toda tecnología (y más si ésta es capaz de manejar cantidades ingentes de datos e información), es susceptible de ser usada como un medio para conseguir precisamente eso, información. Y este es el drama de “Internet de las Cosas”, en el que cada vez existen  más aparatos conectados a internet, sin que por el contrario se proceda a cumplir las mínimas normas de seguridad, lo que provoca que el dispositivo pueda ser asaltado desde la red y manipulado para robar datos, o para que haga lo que quiera hacer con el dicho atacante.

En otro orden de cosas, el hecho de regalar un juguete conectado a un menor puede conllevar en sí mismo la producción de ciertos riesgos, porque los datos personales de los niños pueden estar expuestos a multitud de vicisitudes, entre otras, la posibilidad de ser sustraídos por piratas informáticos. En este sentido, en la web hijos digitales.es, se afirma que en un principio fueron las tablets, las cuales fueron diseñadas especialmente para niños y las consolas de videojuegos las que se conectaban con Internet para ofrecer servicios como descargas, juegos online en grupo, chats, etc., pero hoy esta conexión alcanza a muchos más tipos de juguetes, como muñecas, peluches, vehículos, drones o pequeños robots, etc. Además, esto no ha hecho más que empezar, en un futuro muy próximo habrá muchos elementos de uso infantil conectados, como despertadores, lámparas, pulseras, ropa y casi cualquier cosa que podamos imaginar. Todos estos gadgets transmiten datos a través de Internet, y por tanto, son vulnerables a los piratas informáticos. Además, algunos de ellos disponen de elementos mucho más peligrosos desde el punto de vista de la privacidad, como pueden ser las cámaras y micrófonos. Un atacante podría, si el sistema no está lo suficientemente protegido, llegar a conectar con estos dispositivos para hacerse con su control, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, por ejemplo, con las cámaras de video vigilancia de niños.

García Villacañas ha señalado que en estos momentos es necesaria una labor de concienciación hacia estos peligros, ya que no existe un software de protección para este tipo de dispositivos, puesto que son muy nuevos y en el mercado no hay un volumen suficiente de demanda como para que se justifique el desarrollo de unas medidas de seguridad específicas, y consecuentemente con ello, constituye un hecho cierto el que la mayoría de los padres no saben a ciencia cierta que deben tomar las mismas medidas de prevención como lo harían con un ordenador, por lo que es necesario que poco a poco exista una mayor concienciación sobre los peligros que representan esta nueva generación de juguetes.

Consecuentemente con ello, el Círculo Europeo de Seguridad y Sistemas de Información, que agrupa a los expertos en la lucha contra la ciber criminalidad, ha pedido de forma explícita a los usuarios que antes de proceder a comprar estos “Smart Toys”, procedan a leer bien las condiciones de uso de dichos productos, a los efectos de que conozcan adecuadamente sus características y funcionalidades, y puedan evaluar si los mismos son adecuados para los menores que los van a utilizar.

Sobre esta cuestión es importante tener en cuenta, que son los propios padres quienes tienen que preocuparse por los aspectos relacionados con la conectividad de los objetos, del mismo modo que vigilan que sus niños no se puedan atragantar con partes o piezas de un determinado juguete. Por ello, debe ponderarse que la responsabilidad no sólo compete al oferente. También al adquirente, a ese padre o madre que, cegado por las modas o por la insistencia machacona y repetitiva de su hijo o hija, acaba comprando un objeto de estas características de manera irreflexiva.

Ricard Martínez señala, con mucho acierto, que por otra parte, es esencial informarse, buscar esa información. Así, se hace necesario tener respuesta a una serie de cuestiones, tales como las siguientes: ¿Exactamente qué hace el juguete en cuestión? ¿Cómo y para qué van a tratar los datos de su hijo o hija? ¿Tal vez el uso de la máquina conlleva adicionalmente algún tipo de condicionante comercial? ¿Es posible que esa publicidad no admisible en televisión llegue de la mano de la interacción niño-juguete-internet? ¿Han pedido su consentimiento para obtener datos o registrar al menor? ¿Han verificado que el menor tiene la edad que dice tener y que es usted quién dice ser y puede autorizar? ¿Qué garantías de seguridad ofrecen? ¿Han previsto un régimen de responsabilidad o un seguro? ¿Cómo le avisarán si se generase cualquier incidente o situación de riesgo?

Es evidente qué debe hacer un padre si no obtiene respuestas a estas cuestiones, pero debe tenerse presente que su responsabilidad no acaba aquí. Los juguetes tradicionalmente quedan en manos de un niño o niña, que interactúa con otras personas de su edad, con un control parental superficial. Esta actitud es inviable con un juguete conectado. Los padres, tengan o no conocimientos tecnológicos, deben adquirir una cierta cultura de internet y además, navegar con los hijos. Para ello no hay ni deben existir excusas, ya que ello viene con el temario del examen para ser padre. Y, además, deben verificarse las condiciones del juego respecto de la madurez concreta de su destinatario y sopesar los riesgos existentes. Las limitaciones de edad son por y para algo, y deben tener sus lógicas consecuencias.

Y cabe cuestionarse tal lo hace Víctor Martínez, que dado que somos conscientes de que estas vulnerabilidades y hackeos van a seguir existiendo, si  ¿merece la pena, en aras de la “experiencia de usuario”, comprometer los datos personales de nuestros hijos, datos de los que no somos dueños, sino guardianes, ya que los únicos titulares y propietarios de los mismos son, precisamente, nuestros propios hijos?

Para mantener a los niños seguros, y que sus juguetes no supongan un peligro, Kaspersky Lab ofrece cuatro consejos a los padres:

a). Ajustar el nivel de exposición a Internet y a los dispositivos con conectividad para proteger a los pequeños. Para ello es necesario llevar a cabo una pequeña investigación previa para saber a qué se exponen en la red.

b). No usar datos reales. Las páginas web que piden datos personales para registrarlos, los almacenan para intentar vender productos o servicios o para comerciar con ellos con otros proveedores.

c). Las fotos importan. Nadie debe tener acceso a las fotos de un niño salvo que los padres lo permitan. Su protección es esencial.

d). Los dispositivos son inteligentes pero no seguros. El Internet de las Cosas está cada vez más presente y hoy en día podemos encontrar desde neveras a monitores de bebés conectados a Internet. Sin embargo, los fabricantes no suelen tener la seguridad entre sus prioridades. A la hora de elegir estos artículos, es un factor a tener en cuenta.

Por todo ello, cuando se trata de la lucha contra el ciber crimen, las principales herramientas que nunca pueden faltar vienen constituidas fundamentalmente por la aplicación del sentido común y, además, por el hecho de contar con una buena solución de seguridad, que representa siempre el mejor y más sólido aliado para garantizar la integridad de los datos. Cuanto menos se comparta en Internet, menos información habrá sobre una persona concreta y determinada en la red, y por tanto, menor será el riesgo de que se usen los datos y la información obtenida sobre dicha persona.

La tendencia de los “Smart Toys”, o del “Internet de los juguetes” constituyen una conclusión predecible y esperable, y en  los próximos tiempos representará una cuestión emergente que va alcanzar un gran desarrollo, especialmente, si se tiene en cuenta que los niños de hoy en día son completos nativos digitales, que esperan soluciones de este tipo en todas partes, y por ello, se sienten especialmente atraídos por juguetes de estas características, los cuales tampoco pueden constituir una excepción al resto de objetos sobre los cuales los niños entran en contacto.

Hoy por hoy, debe considerarse que  los juguetes conectados no son una apuesta tan simple como parece. Como todo objeto conectado a la red, como antes se indicó, y ahora debe reiterarse no debe perderse de vista que los juguetes están empezando a ser sensibles y vulnerables a los hackeos, y otros hechos análogos, y por ello tendrán que ser protegidos frente a las acciones de los cibercriminales, especialmente teniendo en cuenta la especial necesidad de tutela que hay que dispensar a los menores frente a las acciones de dichos cibercriminales.

Finalmente, debe tenerse en cuenta que uno de los  problemas con lo que hay que contar, hace referencia a que ante el constante crecimiento en la venta de estos juguetes las compañías fabricantes de los mismos se apresuran en sacar nuevos modelos de juguetes, sin que al mismo tiempo se tenga muy en cuenta, y se preste una especial atención, a factores como la seguridad y la vulnerabilidad de los mismos ante posibles ataques, lo que los convierte en factores de especial riesgo, máxime si se tiene en cuenta la especial sensibilidad con la que hay que proteger a sus destinatarios: los niños.

Consecuentemente con todo ello puede afirmarse que nos encaminamos hacia la era de los juguetes inteligentes, pero ¿a qué precio?, y ¿cuáles son las consecuencias futuras de todo ello? Estas cuestiones en la actualidad constituyen serias incógnitas, que no tienen una fácil y asequible respuesta.

 

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